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El caso “El Principito”

¿Esperaría dos meses después de enterarse de una supuesta violación a su hijo para denunciarlo a las autoridades? Parece una pregunta absurda, pero eso es -exactamente- lo que sucedió en el caso denominado “El Principito”. Esta  historia recorre los principales acontecimientos ocurridos desde la denuncia presentada por la madre del niño violentado sexualmente contra José V. hasta las más recientes inconsistencias jurídicas y que han llevado a plantear nuevas interrogantes. ¿Dónde está el padre del niño abusado?, ¿Alguna vez el niño señaló a su profesor como el agresor?

El tratamiento judicial de la violación de un menor presuntamente cometido por un profesor del Colegio La Condamine ha resultado en dos hechos lamentables: la revictimización de un menor de edad, que ha sido expuesto a la sociedad por intenciones oscuras y completamente ajenas a su bienestar o protección, usado como bandera de un ataque que no es contra él, pero que terminan haciéndole nuevamente la víctima inocente; y, la estigmatización social y periodística de un profesor que ya ha sido “juzgado” como “violador” y sobre el que se ha vertido los más violentos ataques verbales y amenazas, y al que se le ha despojado en la opinión pública de un derecho humano esencial: la presunción de inocencia.

La redacción de este espacio ha llegado a conocer datos importantes y se ve en la obligación de sacarlos a la luz para que la opinión pública sepa la verdad:

Un juicio en medio de estigmas y presión social

El proceso penal  por una presunta violación a un menor de edad en el que la madre del “Principito”, Patricia G., inicia una acusación contra José V., profesor del Colegio La Condamine de la ciudad de Quito, resultó en el sobreseimiento a favor del acusado en el mes de agosto de 2016. Es decir, el juez lo declaró inocente. Durante todo este proceso, el profesor estaba fuera del colegio con licencia. Luego de esta sentencia absolutoria fue reincorporado.

La Fiscalía y la parte acusadora apelaron y se declaró la nulidad de la resolución de inocencia. Los jueces de la Corte Provincial ordenaron que se realice nuevamente la audiencia preparatoria.

En la nueva audiencia, el abogado del profesor José V. no pudo estar presente por un accidente de tránsito que lo dejó inhabilitado. El abogado envió oportunamente su justificación a la Jueza, pero ésta no consideró la petición y asignó al acusado un Defensor Público, que con el desconocimiento del proceso, no pudo incorporar debidamente las pruebas. La Jueza ordenó llamarlo a juicio y que el proceso pase a conocimiento del Tribunal Penal.

Sin las pruebas y sin una aparente debida defensa, el Tribunal dictó sentencia de 22 años de privación de la libertad y una multa de 800 Salarios Básicos Unificados, en el mes de noviembre de 2016. Esta es la sentencia que actualmente está apelando el acusado.

¿Dónde está el papá del “Principito”?

El momento en que se dicta el sobreseimiento, es decir, declaran inocente al acusado en agosto del 2016, el papá del “Principito” de nacionalidad francesa, sale del país precipitadamente, abandonando su negocio y su familia, sin explicación alguna, de forma intempestiva y sin aviso. La inocencia declarada por la justicia a favor del profesor habría significado continuar las investigaciones y profundizar sobre otras hipótesis precisamente para proteger al niño.

Hasta el momento, y después de 6 meses de su salida del país, nadie conoce el paradero de Claude V..

La última lección de su padre: el código 4849

Todo inicia cuando el “Principito” se queda a dormir en la casa de un compañero y la mamá los encuentra con el calzoncillo abajo y el uno le decía al otro que le ponga el zizi (pene) en la boca del otro. La mamá del compañero alertó a la mamá del “Principito” sobre los “toques y juegos de contenido sexual” entre los dos niños. La mamá del “Principito” le contó a su esposo Claude V., quien llamó a la psicóloga y él le hizo saber que un profesor le había puesto el pene en la boca, que había jugado con su pene y que le había pegado en la cara. Hechos distintos a lo que la madre del otro menor le contó.

En la valoración psicológica se indica que el menor habla de una casita, una piscina, de un adulto más; que era profesor de piscina y que el papá iba todos los día a cuidar al niño, y que éste le enseñó a identificar al supuesto agresor con un código de números, que es el 4849, como así lo identificaba cuando veía al profesor de piscina – José V..

La mamá del “Principito” no inicia las acciones judiciales inmediatamente, sino que pasan dos meses después del evento ocurrido en la casa de su amigo.

Las pruebas que la jueza nunca consideró

Dentro de la investigación policial, le preguntan al niño: ¿cuenta qué te hacía este señor? y el niño responde: Ya no me acuerdo; le pregunta: ¿Cómo era el señor?, y el niño lo describe de CHUROS, OJOS ENORMES y UNA BARRIGA, una identificación fuera del rango del aspecto físico del profesor.

La perito de la Fiscalía realizó una ruta de maestros, y el niño le preguntó: ¿GIOVANNY estaba en la CÁRCEL?; debido a que, cuando tuvo la terapia con psicóloga; ella le preguntó al niño: ¿quién es GIOVANNY?, el niño le respondió que es el profesor de deportes; la psicóloga le dice que el profesor de deporte no se llama así, pero el niño insistió que sí.

Del testimonio de la psicóloga, quien atendió al niño manifestó: que el niño decía que el agresor se llama BERNARDO.

Del testimonio anticipado del niño señaló, que quién le maltrataba es ALTO, GORDO, USA LENTES y MORENITO; y “sí ha hecho a otros niños”.

Cuando el niño es llevado a la CÁMARA DE GESSEL, menciona que el nombre de la persona que le hizo daño es FELIPE.

Cabe señalar que el niño nunca manifestó que fue un profesor, en ninguna de las entrevista que le realizan las psicólogas,  son las profesionales las que le hacen referencia al profesor.

Inconsistencias jurídicas y sociales

Estas inconsistencias refieren a constantes tergiversaciones en los testimonios del principal afectado. Las pruebas psicológicas en efecto dan cuenta del abuso sexual sufrido por el menor de edad, debido a un déficit de atención y varias secuelas más en su comportamiento. No obstante, los peritos no logran demostrar de manera contundente quién fue el autor de esta violación. En varias pruebas, se le pregunta al menor aspectos físicos del abusador, pero las respuestas son confusas y contradictorias. Además se realizan pruebas de reconocimiento a través de fotografías, pero tampoco son contundentes, además de que se hace de manera irregular. Finalmente, el abusador es identificado con distintos nombres: Bernardo, Giovanny y Felipe, cada uno desmentido por su propia versión.

Quedan varias preguntas en este caso: ¿qué pretendía el papá en enseñarle un código para identificar al profesor de “piscina”? ¿dónde está el papá y por qué no ha regresado? ¿Por qué el padre del menor abandona abruptamente el país al enterarse de la declaratoria de inocencia inicial del profesor? ¿Por qué no se iniciaron las acciones legales de manera inmediata y se dejó pasar dos meses para hacerlo? ¿por qué un caso tan delicado se ha politizado de tal manera? ¿es acaso José V. un “violador” o se trata de un chivo expiatorio para encubrir abusos intrafamiliares?

La verdad debe salir a la luz, no solo por un tema de verdad y justicia sino por la protección del “Principito”. Es un caso que ha sido innecesariamente expuesto y que lamentablemente para nuestra sociedad ha llegado a politizarse.

En una segunda entrega, revelaremos más elementos para que se actúe con justicia y sobre todo, para que la verdad brille.

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